Conocí la obra de Sánchez Vázques gracias a mis profesores, tuve la oportunidad de beneficiarme de su sabiduría por medio de las páginas que brindó al mundo mediante sus libros. He enseñado Ética en la Universidad Nacional Autónoma de México por casi diez años tomando como libro de texto su Ética. Organicé círculos de lectura tomando como piedra angular la Filosofía de la Praxis para dialogar con las diferentes posturas filosóficas, desde la metafísica hasta el existencialismo. Su idea de praxis ha sido central no sólo en mi pensamiento intelectual, sino ha sido una incitación a regular mi propio comportamiento (aunque no siempre con éxito, debo confesar). Para Sánchez Vázquez la acción puede dirimirse en dos grandes senderos: el pragmatismo oportunista, inmediatista e egoísta, o bien la praxis que busca transformar el mundo. Partiendo de la noción marxiana de la necesidad de transformar al mundo y no sólo interpretarlo, esa de la tesis once de las Tesis sobre Feuerbach, Sánchez Vázquez polemizó con los principales filósofos en México: Villoro, Xirau y Nicol.Hombre exigente, puntual, progresista, disciplinado, pero generoso y siempre de izquierda, Sánchez Vázquez me sorprendió un día caminando pausada pero enérgicamente por los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a la que asistí como estudiante durante tres años de mi vida. Pude verlo de cerca, pude examinar brevemente su trayecto, ese que iluminaba con estimulantes ideas en sus conferencias.
Es por eso que el deceso de Sánchez Vázquez es una pena múltiple. Como persona, como filósofo, como profesor, como universitario, pero sobre todo como marxista, Adolfo Sánchez Vázquez deja un hueco tremendo. El marxismo ha quedado acéfalo. Hace un par de años murió Bolívar Echeverría, ahora Sánchez Vázquez. El marxismo, con eso ha perdido a sus dos grandes pilares en México, ambos nacidos fuera del país, pero adoptados por la posibilidad de abrigar su obra en la UNAM. La pérdida de estos dos grandes marxistas deja a la crítica golpeada, justo ahora que los tiempos adversos por los que atraviesa el país y el mundo tanto necesita.
Sánchez Vázquez nos deja, sin embargo, su obra importantísima, en la cual jóvenes y viejos, intelectuales y estudiantes, podemos hallar elementos fundamentales para comprender el valor de la crítica no contestataria. Descanse en paz el gran maestro Adolfo Sánchez Vázquez.

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